
por José Antonio Mena
Corría 1986, yo tenía 8 años y ahora me doy cuenta de que ya han pasado 20. La selección española de fútbol venía de ser finalista en la Eurocopa de Francia, donde perdió ante los anfitriones con el famoso gol que se tragó Arconada. Según muchas voces, España se presentaba en el Mundial de México con el mejor equipo de su historia. En octavos de final tocaba Dinamarca, bautizada por la prensa local como la dinamita roja. El partido empezó mal, 1-0 para los daneses. Pero la dinamita saltó por los aires en lo que se convirtió en la Noche Mágica de Querétaro, en el vuelo más alto del Buitre. 5-1 final con cuatro goles de Butragueño. Luego vino Bélgica en cuartos, que nos eliminó en los penaltis, con aquel que falló Eloy y que parece que nos persigue hasta ahora. En 1990, en Italia, nos echó Yugoslavia con una falta de Stojkovic en octavos, cuando Míchel, que estaba en la barrera, se agachó ante un inminente impacto del balón. Y en Estados Unidos el codazo de Tasotti y el gol que falló Salinas con 1-1, y en Francia la mano de Zubizarreta y la imposibilidad de marcarle un gol a Paraguay, y en Korea un árbitro y dos jueces de línea bien untados por la organización. Y en Alemania… ¿saben una cosa?, dicen que uno se da cuenta de que se hace mayor cuando sus ídolos deportivos son más jóvenes que él. Me pongo a mirar la media de edad de la selección española y me veo envejecer de repente. Este equipo podrá perder en octavos o en cuartos, como de costumbre, pero estoy seguro de que la mayoría de los jugadores de España no recuerda el penalti de Eloy. La cuestión, en mi modesta opinión, es saber si tienen presente la Noche de Querétaro.
Fotografía: Reuters